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| | LA CAPITAL > 13.02.2007 | |
Claramente, como han dicho sus organizadores, no se trató sólo de ahorrar cinco minutos de electricidad ese día, sino de llamar la atención de los ciudadanos, de los medios de comunicación y de los que tienen el poder de decisión, sobre el despilfarro de energía y sobre la urgencia de pasar a la acción. Esto ocurrió mientras se desarrollaba en París la reunión de quinientos investigadores de diversos países en la Unesco, convocados por el grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), con la intención de alertar una vez más sobre la rapidez y gravedad del problema climático. El informe titulado “Cambio Climático 2007: la evidencia científica” fue realizado para que gobiernos, industrias y organizaciones internacionales no puedan aducir no estar informados. Como diría el doctor Marcelino Cereijido “un analfabeto científico no sólo es el que no conoce la ciencia, sino el que teniéndola no sabe que hacer con ella”. Este proceso de calentamiento global, que según los estudiosos, ha comenzado con más fuerza en los últimos ciento cincuenta años, enfatizó sus efectos en el siglo XX con el proceso de transformación de la atmósfera, incidiendo en el clima de manera drástica. En ese tiempo los océanos subieron su nivel entre 10 y 20 centímetros. Los glaciares se están deshaciendo dado que al calentarse los océanos, el suelo helado se funde. Pero si hay algo que me impactó a la hora de cuantificar los efectos de estas transformaciones climáticas, fue el oír al profesor Osvaldo Canciani decir: “Para que me entendieran como los huracanes han cambiado su trayectoria por el calentamiento global, busqué un trabajo en donde constaba la cantidad de energía concentrada en el Atlántico Sur puesta en forma física y lo traduje a energía consumida en la ciudad de Buenos Aires. Tomé el dato suministrado por la Secretaría de Energía para el año 2003 sobre el consumo total de energía de la población porteña. Y puedo afirmar que esa energía que tiene el Atlántico hoy con respecto a cuarenta años atrás, equivale a dar energía a una ciudad como Buenos Aires durante 3.200 millones de años?”. No sólo, como dice Canciani, esa referencia “pone los pelos de punta”, sino que explica catástrofes como las inundaciones de Santa Fe o pedradas como las de Buenos Aires, Rosario, Mendoza, etcétera. Si no hay un sistema de alerta y preparación, concientización y educación de la población, como dice el sociólogo Helio Jaguaribe, “estamos liquidados”. Pero en la absoluta convicción y creencia que se puede y se debe hacer, es que presenté en el Congreso de la Nación así como también ante la Comisión Parlamentaria Conjunta del Mercosur, el proyecto de ley de creación del consejo asesor sobre el cambio global. En la Cámara de Diputados aguarda su tratamiento desde hace tres años. Debemos entender que con la ciencia se avanza, y debemos aprender que aportar, encarar y entender el problema ambiental significa reducir la pobreza en el mundo y tutelar la vida de los habitantes del planeta.
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