Hoy ya nadie discute que tenemos el Mercosur. Pero como todo en la vida, lo importante
no es tener, sino saber qué hacemos con lo que tenemos. Si uno globaliza
la mirada encontrará que en este siglo XXI ya no se discute el mercado
como modelo global. Esto resulta de alguna manera peligroso, ya que la ausencia
de debate produce aburrimiento y, lo que es peor, la sociedad siente que nadie
atiende verdaderamente la suma de los problemas: los pendientes más los
recientes.
En diciembre de 1991 quedó sellado el Tratado de Asunción. En su
artículo primero indicaba claramente que "los Estados parte deciden
constituir un mercado común, que debe estar conformado al 31 de diciembre
de 1994, el que se denominará Mercado Común del Sur (Mercosur)".
Hoy el desafío sigue en pie ya que, Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay
no han logrado plenamente hacer realidad este mandato.
Recientemente los presidentes Néstor Kirchner y Luis Inácio Lula
da Silva junto a los ex mandatarios Alfonsín y Sarney subieron un peldaño
en la escalera de rescate del Mercosur al dejar de lado tensiones bilaterales
y/o personales. Si bien de los 20 protocolos propuestos, sólo se firmaron
dos; se acordó que el tema de las asimetrías se trate en enero
del 2006. No es un paso menor para la realidad de una Latinoamérica diversamente
pobre, diversamente rica, explosivamente joven, democráticamente joven.
Una Latinoamérica ocupada mayoritariamente por desocupados, en la cual
habitan las mayores desigualdades sociales, ya que muy pocos tienen lo que muchos
no conocen.
Es imperioso (y seguramente será el mayor desafío que tenga el
nuevo presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur,
Carlos Chacho Alvarez) que en su gestión se progrese hacia una unión
aduanera perfecta, se logre un comercio administrado, se concreten los acuerdos
internacionales pendientes, como por ejemplo con la Unión Europea; y se
vea en cada economía regional una oportunidad para combatir el desempleo
y la pobreza a través de su revitalización y dinamismo.
Muchas veces nos quejamos que a lo largo de los tiempos nos han explorado y explotado.
Es hora de asumir que debemos explorarnos para explotar nuestras ventajas comparativas
y competitivas, para ser nosotros los que hoy hagamos "la América".
Un elemento nuevo hace a la oportunidad de lograrlo: la concreción del
Parlamento del Mercosur. En este tiempo desde la Comisión Parlamentaria
Conjunta del Mercosur (CPCM) hemos acercado nuestro granito de arena para separar
los falsos problemas de los reales, y distinguir los que son susceptibles de
negociaciones de los que corresponden a diferencias de fondo social, político
y aún de visión del mundo. En su oportunidad vislumbramos la necesidad
de avanzar sobre la concreción de cadenas
productivas del Mercosur para
salir a terceros mercados, algunas ya están en funcionamiento. También
advertimos que era indispensable un banco
energético y presentamos los
proyectos en consecuencia. Hoy los ejecutivos están avanzando sobre lo
que pasó a denominarse el anillo energético del Mercosur.
También insistimos en la necesidad de un banca
regional, y es de esperar
que próximamente se concrete. Como estoy convencido del potencial de nuestras
economías regionales y su implicancia positiva para nuestra gente, es
que también presenté proyectos que hablan de la necesidad de un
banco de
genoma vegetal y un instituto
calificador de organismos genéticamente
modificados. La presentación de los mismos se debe a la necesidad de darle
sustento científico y tecnológico a nuestras economías.
Así como también impulsé la creación de un laboratorio
productor de fármacos medicinales para atender gratuitamente las necesidades
de nuestros pobres enfermos excluidos.
El desafío monumental para nuestro Mercosur es orientar su esfuerzo inclaudicable
para dar batalla sobre la inmoral desigualdad social que hoy viven nuestra sociedades.
Para revertir esta inequidad que nos duele, la política tiene herramientas
que parten siempre de la discusión de ideas, donde se disiente para poder
acordar.
Mi experiencia legislativa me ha permitido participar desde los orígenes
mismos del Mercosur, pasando por aquel primigenio Crecenea-Litoral, el Protocolo
Regional Fronterizo Nº23, la Declaración de Asunción y hoy
ver refrendado por nuestros presidentes lo que en su momento parecía un
sueño, cual es tener un parlamento en el cual viabilizar con mayor fuerza
las políticas que nuestras sociedades esperan de nosotros. Puedo decir
desde estos 20 años de activa participación en este tema, que tenemos
la herramienta adecuada y la posibilidad de darle dirección precisa al "hacia
dónde" y contestar la pregunta inicial con que comenzaba estas líneas:
saber qué hacer con el Mercosur que tenemos.
(*) Jorge
Giorgetti / Diputado Nacional
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