No se trata de competir. Se trata de cooperar. En todo caso la receta sería
cooperar entre latinoamericanos para competir con los países extra zona.
Si hacemos un análisis desde este punto de vista, la pregunta que cabe
es: ¿qué estamos esperando para realizar lo que hace más
de 150 años nos dejaron indicado San Martín y Bolívar, y
100 años después visionariamente el general Perón?
Ningún país de los nuestros, por sí solo, representa una
unidad económica en sí, pero la unidad de toda esta región
hace que, y mirando el desafío del mundo de hoy, sea la región
de la tierra que tenga mayores reservas. Decía que el mundo nos necesita,
dado que el hambre, como dijo el presidente Lula "es la mayor arma de destrucción
masiva que existe hoy" ante un mundo cada vez más superpoblado y
superindustrializado.
Claro que esta apreciación, la de ser la mayor reserva, en principio suena
favorable, pero conlleva un grave peligro para nosotros si no nos unimos, dado
que la experiencia nos indica que cuando de comida se trata, se la busca donde
exista y se la toma con permiso o sin él.
Estamos ante una situación en la cual la unión debe ser por convicción
o por conveniencia, aunque el resultado final no sea el mismo. La realidad nos
indica que estamos demorados en el proceso de cooperación y unificación
de nuestras políticas, y mientras tanto son nuestros pueblos los que padecen.
El número de personas pobres crece continuamente. De 110 millones en 1960
aumentó a 136 millones en 1980, y actualmente llega a 226 millones de
personas, es decir poco menos de la mitad de la población: el 44 por ciento.
Es increíble que teniendo en nuestras manos la posibilidad de dar el salto
cualitativo que desemboque en el deseado y hoy ausente desarrollo humano, no
estemos construyéndolo con todas nuestras fuerzas.
Planteaba el general Perón en 1954 qué es lo que se quiere con
las uniones económicas, y decía al respecto: "Con ellas se
evita en el futuro la creación de antagonismos de grandes intereses, complementándonos
en nuestro desarrollo y en nuestra acción". Decía además,
ejemplificando: "Si Chile produce hierro en gran cantidad, nosotros no tenemos
interés en producirlo mientras se lo podamos comprar a ese país.
Si Brasil produce manganeso, tampoco tenemos nosotros interés en producirlo,
aun cuando lo tengamos en nuestro propio territorio, porque con lo que ellos
nos envíen y con lo que nosotros le enviemos a ellos, vamos a ir creando
un interés común y paralelo evitando los antagonismos que nos van
a llevar después fatalmente a discrepancias en el siglo que viene"...
Discrepancias hoy vigentes.
Se trata de ir viviendo y haciendo, por eso he propuesto que en la IV Cumbre
de las Américas que se realiza en Mar del Plata se incorpore como tema
a las economías regionales y sus respectivas cadenas de valor, posibilitadoras éstas
de mantener a nuestra gente en su lugar de origen. Así como de desandar
a través de su reactivación el problema de la desocupación
generando mano de obra genuina. Y a través de la estructura y la infraestructura
que se deberá desarrollar para obtener ventajas cooperativas es que se
mejorará la calidad de vida de nuestra gente. Asimismo lograremos una
estrategia exportadora competitiva en forma conjunta de nuestra región
americana hacia los países extrazona.
Estoy convencido que el día que podamos realizar nuestro comercio entre
nosotros, nos habremos realmente independizado de toda potencia, pero para ello
debemos pensar una verdadera unidad.
Nuestras ideas son simples, como siempre son simples las ideas que se quieren
ejecutar. Yo vengo diciendo que el hombre quiso ir a la Luna y lo logró.
Que el hombre quiso comunicarse más rápidamente, y creó la
tecnología para hacerlo. Debemos lograr que el hombre quiera eliminar
la pobreza. Creo que el desafío que tenemos los que ostentamos alguna
forma de representación política, es trabajar para que la necesidad
de unión llegue a nuestros pueblos, porque es a través de ellos
que perdurará, es a través de ellos y en la permanencia de generación
en generación que logrará imponerse.
El hombre tiene un valor agregado que lo diferencia de los demás seres
vivos, y es su derecho a la esperanza. La amistad de los pueblos se basa en una
igual dignidad. En la búsqueda de esa dignidad, es donde debemos concentrar
todos nuestros esfuerzos para lograr el desafío de permitir que nuestros
pueblos sean felices.
(*) Jorge
Giorgetti / Diputado Nacional
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