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| | LA CAPITAL > 04.12.2006 | |
Si bien he logrado que la Comisión Parlamentaria Conjunta del Mercosur apruebe la creación del Consejo del Mercosur sobre Cambio Global, hoy se vuelve imprescindible que nuestros presidentes lo pongan en funcionamiento. América Latina tiene aún el 35% del agua dulce de todo el planeta. Es evidente que se van a perder glaciares, pero no tan rápidamente, lo que si reaccionamos nos permitiría actuar. Los glaciares del trópico van a desaparecer, como ya ocurrió en Colombia y está ocurriendo con el 22% de los de Perú, pero los de la Patagonia van a permanecer. De ahí que es necesario que este Consejo Asesor se integre rápidamente, se ponga en funcionamiento, porque deberemos estudiar y decidir qué metodología de adaptación vamos a utilizar, las estrategias para valuar los recursos y elegir especies, cómo podemos trabajar genéticamente y desarrollar especies vegetales con capacidad de desarrollarse y adaptarse a ciclos climáticos distintos. Debemos trabajar mucho con nuestros científicos invirtiendo en los centros nacionales de investigación, ya que no sirve comprar investigación externa. Son nuestros científicos los que deberán alertarnos para orientar nuestras políticas sobre la transformación de los distintos climas que comprenden a nuestros países. Informarnos constantemente sobre los caudales de nuestros ríos. La situación de las venas de aguas subterráneas. El estado de contaminación. Deberán alertarnos sobre cómo el calentamiento del planeta afecta el proceso de germinación y crecimiento de nuestros sembradíos. Debemos prever el desplazamiento de zonas agrícolas y su correlato social. Estoy convencido que ningún elemento del cambio ambiental global es independiente. Es decir la modificación del clima incide en la capa de ozono, el ozono en la estratósfera es protector de los rayos ultravioletas, y esto incide sobre nuestra vida tanto en la salud como en lo económico. La falta de información en este mundo globalizado puede resultar brutalmente adversa. Como parlamentario del Mercosur vengo bregando para que en nuestros gobiernos del Mercosur la ciencia y la tecnología ocupen estatus superiores, en el cual poder apoyarnos y no repetir experiencias que hoy no sirven. La tecnología que trajeron nuestros abuelos desde los Alpes a estas Pampas para la agricultura, hoy es imposible extrapolar, no sólo por el cambio tecnológico, sino por los cambios geomorfológicos que han sufrido en forma diferente nuestros suelos a los de los suelos europeos. Pero esta batalla por el respeto a la vida, no debe ser sólo responsabilidad del sector político. Las entidades privadas deben participar activamente ayudándonos a construir una política ambiental del Mercosur seria y acorde a nuestras necesidades. Reitero que en general son los países en vía de desarrollo los que tienen menos información sobre este tema. Lamentablemente, América Latina está en un 30% de la ejecución de la red de base para el estudio sobre el cambio climático. Y lo más lamentable aún es que teniendo las posibilidades de decidir nosotros qué hacer, estamos esperando que se reúnan en Ginebra para que nos digan qué actitud tomar sobre estas cuestiones. Mientras tanto toda nuestra ciudadanía, de una u otra manera, y en mayor o menor grado, sufre las consecuencias del cambio climático. Con una tendencia hasta hoy inquebrantable, lo más pobres y los mas desposeídos son las primeras víctimas. Así como aquel proyecto que presenté en el 2004 para la creación de un Banco Energético para el Mercosur hoy camina muy bien en su puesta en marcha, deseo desde lo más profundo de mi conciencia social que el Consejo Asesor del Mercosur sobre Cambio Global pronto siga el mismo camino. Darwin decía: "Si la miseria de nuestros pobres no es causada por las leyes de la naturaleza, sino por nuestras instituciones, qué grande es nuestro pecado”.
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